CONTEMPLACIÓN DEL ICONO DE JESUCRISTO DEL MONASTERIO ORTODOXO DEL MONTE SINAÍ, Siglo VI

Autor: P. Agustín José Spezza IVE

Cristo bendiciendo, particular. Icon  a la encaústica. Siglo VI Sinai.

Icono del Cristo Pantocrator, detalle. Siglo VI Sinai. Técnica: encáustica, de 08 x 0,45 cm.

DOMINGO Iº DE ADVIENTO. “B”

Este bellísimo icono que vamos a contemplar se encuentra en el monasterio ortodoxo de Santa Catalina que está al pie del Monte Sinaí, al Nordeste. De ese mismo monte sagrado nos dice La Escritura:  “La gloria de Yahvé descansaba sobre el monte Sinaí, que estuvo cubierto por la nube durante seis días. Al séptimo día, Yahvé llamó a Moisés de en medio de la nube” (Ex 24,16) Y su gloria se manifestaba a los israelitas “como fuego devorador sobre la cumbre del monte…” (v. 17). 

Ahora en Adviento recordamos como también sobre la Virgen se posa el Espíritu Santo, pero como suave rocío de Dios, y su seno se hace divinamente fecundo convirtiéndose en el nuevo Paraíso del Nuevo Adán, Jesucristo.

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“Este icono fue hecho antes del periodo iconoclasta[2]. Es uno de los más importantes descubrimientos de nuestro tiempo en el campo de la antigua pintura icónica” [3]. (Su técnica es la de la encáustica, es decir, los pigmentos de colores mezclados en cera derretida)[4].

La figura de Cristo está aquí representada frontalmente. Su mirada solemne se dirige hacia la lejanía, como si no se detuviera en ningún punto determinado. Su rostro está resplandeciente de luz, de un cálido color pálido como el del marfil. La capa púrpura subraya la dignidad imperial.

Las dos mitades de su rostro están diferenciadas:

Su mejilla izquierda (derecha para nosotros) más decididamente hundida, (mostrándonos los golpes re cibidos en la Pasión, como lo manifiesta el Santo Sudario de Turín).

La punta de los bigotes (que están) dirigidos hacia abajo indica, como ha sido dicho, el aspecto natural, el más humano; mientras que la calma y la sublimidad (en el lado derecho) expresan el aspecto divino.

Así de este modo es representada, al parecer de algunos, el dogma de la doble naturaleza, humana y divina de Cristo.

SUDARIO DE TORINO,  negativo.

SUDARIO DE TORINO, negativo.

Cristo Pantocrator del- Sinaí. siglo V.

Cristo Pantocrator del- Sinaí. siglo V.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Estas características pueden encontrar una fácil explicación si se comparan con sus correspondientes particulares del Rostro de Cristo del Sudario de Turín. Esto indica con evidencia que el pintor estaba vinculado con una determinada tipología, es decir, que él ya tenía conocimiento del Santo Sudario.

Este icono del Sinaí  no ha sido jamás superado por ningún maestro en lo sucesivo, especialmente por su fuerza expresiva. La mirada de calma que el autor le ha dado a los ojos, a la boca levemente cerrada, al aspecto majestuoso con el cual hace resaltar el rostro mediante la cabellera oscura y la aureola dorada”[5].

Observemos con calma el rostro divino del Salvador. Es un rostro lleno de Luz. “Dios de Dios, Luz de Luz”, , Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho”, como reza el Credo Niceno-constantinopolitano.

El rostro de Pantocrator del Sinaí, es un rostro que llena toda nuestra existencia de esperanza teológica, de una esperanza del cielo.

El libro de la Sabiduría, haciendo un elogio de la Sabiduría divina, refiriéndose a Jesucristo, el Verbo de Dios, dice: “Es reflejo de la luz eterna, espejo inmaculado de la actividad de Dios e imagen de su bondad” (Sab 7, 26). La “luz eterna” se identifica con Dios. Y San Juan será el único que dirá explicitamente  que “Dios es Luz” (1 Jn 1,5): ”Dios es Luz, y en él no hay tiniebla alguna…”

El mismo Jesús dijo de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12). Desde la antigüedad se pintan los iconos de Jesucristo, de la Virgen, y posteriormente de los ángeles y de los santos llenos de luz. Por eso la fuente de luz no viene de afuera, como en las otras pinturas, sino que se irradia desde dentro hacia fuera, es por eso que, si observamos con atención, no largan sombras.  No hay nada más equivocado que decir que los iconos son oscuros y tristes, pues su reinado es el de la luz, que en los iconos simboliza la Vida de Dios, la vida de la gracia en nosotros, que brota desde nuestro interior. Es decir que también nosotros, por la gracia divina que brota de los sacramentos de la Iglesia, podemos ser iconos de Dios, imágenes resplandecientes, como ya son los santos en la Patria celeste.

Por eso es que dice la Epístola a los Colosenses que Cristo es “imagen del Dios invisible”. Imagen en griego se dice: eikon; icono, y la carta a los Hebreos aclara todavía más su esencia de Hijo de Dios: “él es irradiación de su gloria e impronta de su sustancia. Estas dos metáforas expresan a la vez la identidad de naturaleza entre el Padre y el Hijo (los dos son de naturaleza divina), y la distinción de personas. El Hijo es el “resplandor” o el “reflejo” de la gloria luminosa (Ex 24,16) del Padre, “Luz de Luz”. Y es la “imagen”, (Col 1,15) de su esencia, como la exacta “impronta” que deja un sello, (Jn 14,9)[6].

“Con tales formulas, el Nuevo Testamento busca de tomar cuánto hay de peculiar en la relación entre Hijo y Padre. El término eikon (imagen), usado para describir la relación entre el Padre y el Hijo, pre-anuncia cómo para la cristiandad fuese ya necesario  incluso un nuevo modo de concebir la representación artística de Cristo, en la forma y en los colores. Sobre todo en Oriente se desarrolla una nueva concepción del arte cristiano: la de los iconos”.

Madre de Dios  “Vladímirskaja“ La tradición atribuye a san Lucas Evangelista el icono de la Madre de  l’icona de la Virgen de  Vladimir, llegada de Constantinopla a Kiev, como don a la familia del Gran Príncipe.

Madre de Dios “Vladímirskaja“ La tradición atribuye a san Lucas Evangelista el icono de la Madre de l’icona de la Virgen de Vladimir, llegada de Constantinopla a Kiev, como don a la familia del Gran Príncipe.

“El Hijo de Dios ha asumido la naturaleza humana de la Virgen María y por eso como hombre es representable”[7].

Así nos dice el P. Sáenz[8]: “Pero he aquí que el Verbo eterno se hace carne. San Juan Damasceno, escribiendo precisamente en defensa de las imágenes, dice: “Primero fue el mismo Dios quien engendró a su Verbo, el Hijo unigénito, vivo icono (imagen) suyo, Icono natural, (Él es Hijo natural del Padre por ser de idéntica naturaleza) en modo alguno discrepante de su eternidad. Luego hizo al hombre a imagen y semejanza suya… Era futuro que el Hijo y Verbo invisible de Dios se volviera hombre, se copulase a nuestra naturaleza, se hiciese visible en la tierra”[9]. Señálase  así claramente la continuidad entre el Icono eterno y el Icono visible.

El Verbo, al tomar carne de la Virgen hace patente lo invisible. “A Dios nadie le vio jamás –escribe San Juan-, pero el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer” (Jn 1, 18). El que es inmenso tomó dimensiones humanas, el ilimitado se hizo limitado.

(…) De este modo, al decir de San Ireneo, el Dios invisible se torna visible, el Verbo inaudible se deja oír. En una palabra, se manifiesta. Y en fórmula exquisita: “El Verbo hace que los hombres vean a Dios, al mismo tiempo que muestra (exhibet) el hombre a Dios”[10]. Porque  el hombre al pecar se había hecho irreconocible para Dios. En el Hijo encarnado el Padre lo volverá a reconocer. Lo aclara el mismo Ireneo: “El Verbo se manifestó cuando se hizo hombre. Antes de la encarnación se decía con verdad que el hombre había sido hecho a imagen de Dios, pero no se lo podía mostrar, porque el Verbo, a cuya imagen el hombre había sido hecho, era todavía invisible. Por su parte la semejanza se había perdido. Cuando el Verbo se hizo carne restableció la imagen y la semejanza, porque El mismo se hizo lo que era a su imagen y le imprimió profundamente la semejanza, haciendo al hombre semejante, por el Verbo visible, al Padre invisible”[11].

También nosotros estamos llamados a ser iconos de Dios en el Hijo. Por la Gracia somos una nueva creación.

Así Dios estableció un plan de salvación para todos los hombres a través de su Hijo. Dios Padre quiso “reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando mediante la sangre de su cruz, todos los seres del cielo y de la tierra”.

Ahora bien, los iconos son un modelo no sólo para contemplar sino para imitar, primeramente Jesucristo, que es el primero en hacerse imagen, Icono de Dios Padre.

Por eso dice el Concilio Vaticano II en el n.2 de la Lumen gentium: “El Padre Eterno creó el mundo universo por un libérrimo y misterioso designio de su sabiduría y de su bondad, decretó elevar a los hombres a la participación de la vida divina y, caídos por el pecado de Adán, no los abandonó, dispensándoles siempre su auxilio, en atención a Cristo Redentor, “que es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda” criatura” (Col 1,15) [12].

Cristo, imagen de Dios en la primera creación, ahora,  por una nueva creación él ha venido a restituir a la humanidad caída el esplendor de esa imagen divina que el pecado había empañado[13]. Por eso dice San Pablo: “El que está en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo”  (2 Cor 5,17).

Il Salvatore (Pantokrator) del Sinai Monastero Santa Caterina del Sinai. iconecristiane.it

Il Salvatore (Pantokrator) del Sinai
Monastero Santa Caterina del Sinai. iconecristiane.it

El rostro del Cristo del Monte Sinaí manifiesta esa nueva creación. Y  si bien sus ojos grandes y su mirada fija me arrastra hacia el “más allá”, recordándome mi fin último; su mirada misericordiosa, como hombre, se dirige hacia mi, que soy un pecador, a cada uno de los hombres en particular, recordándonos que fuimos hecho a su imagen y semejanza. Su mirada mansa y humilde es la mirada del Buen Pastor que ofrece sus espaldas para cargarme sobre sus hombros, porque es el Pastor que conoce a cada una de sus ovejas por su nombre. Cristo nos mira con infinita misericordia porque somos el precio de su Sangre. Él es el Cristo que se dejó crucificar por amor, para que aprendamos a perdonar a nuestros enemigos. Su mirada es la del Dios hecho hombre, que no vino a condenar sino a salvar al hombre.

Sus labios, privados de toda sensualidad, están cerrados, porque nos hablan en el silencio, que es la matriz de la Palabra divina hecha carne, acentuando así en su frente ancha y alta, – lugar de los pensamientos-, el carácter contemplativo de la existencia cristiana. Todo palpita en el interior de esta figura sagrada: Su nariz, su cuello su garganta están llenos de la Potencia divina: Jesucristo espira el Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo. Su frontalidad, su inmutabilidad expresa que está de continuo, cara a cara en la visión de su Padre…

Dios se hizo hombre, dicen los santos Padres, para que el hombre se haga Dios. Dios se hizo a mi medida para que yo participe de su Eternidad, que es la medida de Dios.

Continúa P. Sáenz: “Algunos Padres cuando se refieren al Verbo en el momento de su Encarnación (…) lo llaman “breviatum verbum”, es decir, “verbo abreviado”(…) por la que el Verbo se comprime, se abrevia, se encierra en lo humano, circunscribiéndose y reduciéndose en ello”. Así también, cuándo el iconógrafo pone un marco a su icono, no es por una función puramente decorativa, sino para simbolizar al “Verbo abreviado”; es decir que el ser humano le pone límites a Aquel que no tiene límites. Es decir que Él se limitó, se circunscribió en la medida humana del hombre, y también se deja circunscribir en la tabla del icono.

El Oficio de la Fiesta de la Ortodoxia lo dice a su modo: “Verdaderamente por naturaleza eres ilimitado, pero has querido, Señor, reducirte bajo el velo de la carne”.

Por cierto que al “reducirse” haciéndose hombre, no dejó de ser Dios, sino que en la unidad de su Persona divina reunió las dos naturalezas, la divina y la humana. “El ser ilimitado pertenece a la esencia de Dios –escribe San Teodoro Studita-, el ser limitado a la esencia del hombre; y Cristo consta de ambas cosas”[14]. Por eso es a la vez invisible y visible, invisible según su naturaleza ilimitada y visible según su naturaleza limitada”[15].

La reflexión de San Juan Pablo II nos impulsa a no dejar de contemplar su Rostro:

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (Confesiones, I, 1, 1). Esta célebre afirmación, con la que comienzan las Confesiones de san Agustín, expresa eficazmente la necesidad insuprimible que impulsa al hombre a buscar el rostro de Dios (Nostra aetate NAE 2).

 “Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro”

”Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro” (Salmo 26, 7 y 8)

“Esto dice el Señor a la casa de Israel: ¡Buscadme a mí y viviréis!” (Am 5, 4).

(Falta describir el nimbo=Gracia; las letras en griego)

1 Tríptico del Santo Sudario de Turín. 2. Superposición con el del Sinaí. 3 Pantocrator del Sinaí.  Esta imagen se ha obtenido colocando una transparencia de alto contraste sobre el icono de Cristo Pantocrator.

1 Tríptico del Santo Sudario de Turín. 2. Superposición con el del Sinaí. 3 Pantocrator del Sinaí. Esta imagen se ha obtenido colocando una transparencia de alto contraste sobre el icono de Cristo Pantocrator.

 Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales. 
(…)

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad. (…) (Ef 1, 3 y 7)

 El autor del libro “L’immagine di Cristo nell’Arte”[1],  P. Pfeiffer nos da una descripción teológica sacada de la observación científica y piadosa a la vez, de este maravilloso icono del Sinaí. Pero como él nos dice: ante la imagen de Cristo “ningún método científico puede resultarle adecuado”. La misma historia del Arte “se tropieza aquí con uno de sus límites, a no ser que se abra a un diálogo con la Teología. Solamente la palabra de la Sagrada Escritura puede asegurarnos la inteligencia de la imagen de Cristo en el Arte.

[1] H. PFEIFFER, L’immagine di Cristo nell’Arte”, Città Nuova Editrice, 1986, 43.

[2] Iconoclasta. Del gr. eiκονοκλaστης, (rompedor de imágenes) Se dice del hereje del siglo VIII que negaba el culto debido a las sagradas imágenes, las destruían y perseguía a quienes la veneraban. Cfr. R.A.E.

[3] H. PFEIFFER, L’immagine…, tapa.

[4] Encáustica deriva del griego enkaustikos (‘grabar a fuego’), es una técnica de pintura que se caracteriza por el uso de la cera como aglutinante de los pigmentos.

[5] H. PFEIFFER, L’immagine… 46.

[6] Biblia de Jerusalén.

[7] H. PFEIFFER, L’immagine…35.

[8] A. Sáenz, El icono, esplendor de lo sagrado…66.

[9] De imaginibus oratio III, 26: PG 94, 1345. Cfr. Citado en P. Alfredo Sáenz, El icono esplendor de lo sagrado, Ed. Gladius 1991, 66.

[10] Adv. Haer. IV, 20, 7: PG 7, 1037. Citado en P. Alfredo Sáenz, El icono…67.

[11] Adv. Haer. V, 16, 2: PG 7, 1167-1168. Citado en P. A. Sáenz, El icono…67.

[12] Lumen gentium n.2

[13] Biblia de Jerusalén

[14] Antirrheticus III, 1,3: PG 99, 392. Citado en P. Sáenz, El icono…69.

[15] P. A. Sáenz, El icono,…69.

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10 comentarios

  1. Maravilloso Padre!!!

    • Muchas gracias Viviana…!!! Espero su colaboración leyendo, escribiendo, o haciendo algún aporte, sugerencia, para que podamos seguir creciendo en la predicación de la fe a través de las imágenes. En el día de San Juan Damasceno, el grann defensor de las imágenes le mando mi bendición…!!!
      P. Agustín José Spezza IVE

  2. leonor hernandez

    me encanta todo lo referente a iconografía y mas si se refiere a vuestro monasterio.rezad por mi que deseo aprender a poder escribir iconos según los canones antiguos.la paz del Señor os acompañe.

  3. He aprendido muchísimo, Padre! Qué imagen tan potente, pero con su explicación es aún más fuerte y conmovedora. Gracias! Por favor, ruegue por mi hija de 15 años,recuperándose de una enfermedad. Gracias!

  4. Me ha parecido estupendo. Sigo buscando el amor de Cristo. Un saludo

  5. Estimado Padre
    Doy clases de Aproximación a la Cristología en un centro de formación y me he “aprovechado” de sus exégesis para hacer una teología de y con los íconos. Cada ícono es un relato cristológico. Gracias y bendiciones

    • Muchas gracias Luis por tu comentario, me llena de regocijo el que puedas aprovechar el icono para hacer alta teología. Y es verdad, porque el icono primero es teología, en segundo lugar es arte y podríamos que en tercer lugar es técnica. Sigamos en contacto y disculpa la demora en contestar porque estuve terminando un icono enorme de la Virgen con el niño que ya estoy por publicar en el Blog.
      Bendiciones…!!!

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